martes, 25 de junio de 2019

8 Marzo 2017

La estancia se encontraba en penumbra,apenas iluminada por la danzante llama de una vela casi consumida.
Una figura femenina derramada sobre su lecho intentando seducir a Morfeo en vano,el sueño no la arrullaba y su mente se encontraba turbada con el recuerdo de aquel caballero al que había conocido unos días antes.

Misterioso e intrigante había despertado en ella una perversa curiosidad.
Sus ojos verdosos tan penetrantes,escudriñaban en los deseos mas ocultos de aquella mujer que no podía mas que rendirse a su intensidad, hechizada por su brillo.
Sus labios dibujando una picara y traviesa sonrisa conseguían que se tambalearan los cimientos mas sólidos y sus manos, con un leve roce volvían a la dama tan frágil como un tallo a merced de un vendaval, erizando cada poro de su piel,receptiva y ansiosa.

Al recordarle en la intimidad de su alcoba su corazón se desbocó, cual pura sangre al galope por un extenso valle,sus manos recorrieron cada curva de sus femeninas formas,anhelando el tacto cálido del caballero.
Serpenteó sobre la cama,danzando al compás del deseo en aumento;posó uno de sus dedos sobre sus labios,descendiendo lentamente por la barbilla hasta el cuello,el cual acarició con deseo con ambas manos.
Descendió hasta sus senos,pellizcando sus cumbres al mismo tiempo,su respiración se volvió un jadeo al acariciar su vientre,y al llegar a su monte de Venus,sagrado protector de su santuario,dejó la prudencia y los tabúes bajo su almohada,para sin miramientos y carente de toda dulzura,adentrarse en lo mas profundo de aquel volcán que amenazaba estallar y derramarse por completo.

Un éxtasis de caricias y gemidos acompañó a la liberada mujer que,justo antes de estallar de placer liberó de la prisión de sus labios un nombre...

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