miércoles, 26 de junio de 2019

3 Diciembre 2014

El sol no se decidía a salir,la oscura noche se le estaba haciendo interminablemente larga.

El incomodo sillón de orejeras solo le había servido para dar alguna que otra cabezada tan breve que era peor que no dormir; miraba el teléfono esperando que sonara desde hacia horas,y aquel condenado cacharro seguía mudo.

Desesperada y abatida decidió recostarse lo máximo posible e intentar conciliar el sueño consiente de que le iba a resultar casi imposible sin haber tenido noticias.

El silencio reinante fue estrepitosamente roto por el chirriante ruido del teléfono, de un salto se levantó del sillón, como si un resorte la hubiera lanzado por los aires y contestó con voz temblorosa y jadeante por el sobresalto.

-¿Digame?

La masculina y grave voz del otro lado murmuró algo casi en un susurro y tuvo que esforzarse para escucharlo...

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