Sentí la imperiosa necesidad de acercarme.Gritaba mi nombre en desesperado silencio.
Lentamente me acerqué respondiendo a su llamada,tomé la silla que estaba mas cerca y me dejé caer suavemente sin apartar la vista de su presencia.
Sobre una alfombra de brasas al rojo vivo se encontraba danzando él,el fuego.
Le observé con calma guardando silencio, las bailarinas llamas acariciaban la madera,sus lenguas laceraban a su paso dejando su ardiente marca latiendo con intensidad.
Lamía con lujuria la extensión de su superficie cual amante que se derrama sobre su amada,disfrutando de la,para el,aterciopelada piel que recorría,quemandola con cada caricia,beso y roce.
El crepitar de la leña son sus suspiros mientras se consume sucumbiendo al deseo y pasión desatados.
Libres cual aves se entregan a sus pasiones llevándolas hasta el extremo pues la madera muere a manos del fuego,a manos de su ardor,la hiere amándola hasta reducirla a cenizas, pero, una vez ella muere, el fuego se extingue, sin ella desaparece tras haber porporcionado sus frutos: calor, confortabilidad...¡luz!.
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