martes, 25 de junio de 2019
22 Marzo 2018
Una enguantada mano acarició la pluma de ave que descansaba sobre el escritorio,la danzante llama de una vela llenaba la atmósfera de un halo de misterio y hacia que el negro líquido del tintero brillara de forma hipnótica.
Ella se quitó el guante y tomó asiento, mojó la punta de aquel mágico instrumento en la que sería la sangre de sus pensamientos y se dejó llevar...el mueble crujió al sentirla apoyarse para escribir,como si emitiera un placentero gemido al desempeñar por fin su función de nuevo.
Y allí, en la soledad de la madrugada, derramó su alma sobre el amarillento pergamino, dando a luz cada palabra con cuidada caligrafía, plasmando en él todo aquello que la atormentaba al compás de sus latidos y regadas con liberadoras lágrimas que recorrían sus mejillas...
Sonia Pagan'18
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