miércoles, 26 de junio de 2019

31 Enero 2011

La Semana (VI)
Me desperté despacio,al incorporarme un tremendo pinchazo en la espalda me detuvo en seco,supe de inmediato por mi postura que me había dormido intentando descifrar el misterioso pergamino del Tuareg.
Mis logros nocturnos se reducían a un puñado de folios llenos de garabatos,intentos de jeroglíficos egipcios por mi parte,conjeturas y divagaciones imposibles y varios bocetos de aquella mirada.


Mi estomago reclamo su pitanza y me dispuse a adecentarme para ir a comer algo,al entrar en el baño y verme en el gigantesco espejo aquella desagradable sensación volvió a colarse en mi pecho.
Aquel vacío que amenazaba con robarme hasta el ultimo aliento de vida,volvía a reírse de mi mientras yo inmóvil me contemplaba en la superficie de aquel cristal.
De pronto una brisa cálida acaricio mi nuca,sentí como cada poro de mi piel se erizaba,irguiéndose receptivos,ansiosos de estímulos,saliendo así de aquel estado triste y meditabundo mientras buscaba mis imperfecciones sobre la perfecta superficie acristalada.
Cepille mi melena tras empaparme el rostro con agua fría y así despejarme,me cambie de ropa y baje a buscar mi café y mi zumo.

Una vez sosegado mi apetito me lance a visitar la cuidad bajo la clara luz del día,un ir y venir de gente,turistas,guías,gente de la propia ciudad...solo se divisaba algo de calma al final de la calle en la que me encontraba,sin pensarlo mas llegue hasta el fin y el paisaje que divide me dejo son aliento.

El río Nilo,el que da la vida con sus crecidas regalando a la tierra su fértil limo,se encontraba ante mi,majestuoso reflejando los rayos del sol,en sus riberas espesuras de pergamino habitadas por lis feroces cocodrilos,avatares del dios Sobek,creador del Nilo,dios de la fertilidad y la vida.
El ambiente había cambiado,se respiraba paz y tranquilidad,unos niños jugaban a la pelota y dos ancianos jugaban al senet bajo un improvisado toldo.

Saque mi libreta y comencé a dibujar el paisaje...allí al fondo se extendía el basto desierto y las pirámides,aquella aridez me llamaba con un ensordecedor silencio.

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