jueves, 18 de junio de 2020

17 Junio 2020



En ese instante creció su ira, y entre sus dedos se formó una pequeña llama.
A medida que su enemigo hablaba la llama aumentaba de tamaño y de intensidad.


El anaranjado resplandor bañó su rostro cuando alzó el brazo y contempló aquel fuego danzante y devorador en la palma de su mano.


Suspiró de frustración y aceptó quien era aquel contrincante: ella misma sintiéndose derrotada, triste e incluso enfadada. Miró hacia su derecha y lanzó aquel incipiente incendio contra los troncos de la chimenea, la ígnea esfera estalló contra la madera prendiéndola casi al instante mientras ella pensaba que la ira y la desesperación pueden provocar daños irreparables.



Mejor era utilizar esa rabia contenida para calentar su atribulado espíritu y sosegar su alma liberándola de manera inocua para todos,incluida ella misma.
Sabía que si se hería con aquella violenta combustión dejaría una profunda cicatriz para siempre.


Se sentó junto al hogar,acogedor e impetuoso al tiempo y tomando papiro,tinta negra como la noche y su pluma preferida plasmó sobre el papel aquello que la atormentaba, para arrojarlo después a las llamas que lo consumirían en la silenciosa melodía de un acompasado crepitar al son del baile de las llamas.


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